El nuevo informe de la Asociación Europea de Biogás sitúa este coproducto de la digestión anaerobia de materia orgánica como una pieza estratégica para reducir la dependencia de fertilizantes químicos, mejorar la salud de los suelos y reforzar la competitividad agrícola europea.
Durante años, el debate en torno al biogás y al biometano se ha centrado casi exclusivamente en su dimensión energética: producción renovable, sustitución de combustibles fósiles, seguridad de suministro o reducción de emisiones. Sin embargo, la digestión anaerobia genera algo más que energía. También produce el digerido, un material rico en nutrientes y materia orgánica que, según el nuevo informe de la European Biogas Association (EBA), puede convertirse en una de las palancas más relevantes para avanzar hacia una bioeconomía circular en Europa.
El documento, titulado Digestate in Europe: the state of play in 2026, defiende la premisa que el digestato no ha de entenderse como un residuo, sino como un producto multifuncional con valor agronómico, ambiental y económico. Su aplicación como fertilizante permite recircular nutrientes procedentes de estiércoles, residuos agrícolas, biorresiduos urbanos, lodos de depuradora o subproductos industriales, devolviéndolos al campo en forma aprovechable para los cultivos.
Esta lógica circular adquiere especial relevancia en un contexto europeo marcado por la volatilidad de los precios de los fertilizantes, la dependencia exterior de materias primas, la presión para descarbonizar la industria fertilizante convencional y la necesidad de reforzar la salud de los suelos agrícolas. EBA recuerda que los residuos contribuyen a reducir la necesidad de fertilizantes minerales de origen petroquímico y, al mismo tiempo, ayuda a mejorar la estructura del suelo, su contenido en carbono orgánico y su capacidad de retener agua.
25 millones de toneladas
Según la base de datos de EBA, las plantas de digestión anaerobia europeas produjeron en 2024 alrededor de 25 millones de toneladas de digestato en materia seca, equivalentes a unos 450 millones de toneladas en materia fresca. La mayor parte procede de sustratos agrícolas, con el estiércol como principal materia prima: representa aproximadamente el 60 % de los insumos agrícolas utilizados.
El patrón no es homogéneo en todo el continente. Alemania, Francia, Chequia, Italia y Dinamarca se apoyan de forma predominante en materias primas agrícolas. Italia y Suiza destacan por el peso de la fracción orgánica de los residuos municipales, gracias a sistemas avanzados de recogida separada. En términos absolutos, Reino Unido y Alemania sobresalen por el volumen de coproductos procedentes de la digestión anaerobia de residuos orgánicos urbanos, mientras que los lodos de depuradora tienen un peso relevante en países como Reino Unido, España, Países Bajos, Finlandia o Alemania.
El informe también ofrece una fotografía de la aplicación actual del digestato. Cerca del 75 % se aplica directamente al suelo, sin separación previa, como fertilizante. Otro 20 % se utiliza tras algún tipo de tratamiento o mejora, como la separación sólido-líquido. La exportación y otros usos representan todavía porcentajes muy reducidos. Es decir, la salida principal del digestato sigue estando en el campo, aunque el potencial de transformación tecnológica y de valorización industrial empieza a abrir nuevas vías.
En el caso español, el informe sitúa al país entre los productores relevantes de digestato procedente de estiércol bovino, con una estimación de 15 millones de toneladas en materia fresca en 2024, solo por detrás de Francia y Alemania. Además, calcula que el digestato disponible en España contiene unas 62.282 toneladas de nitrógeno total estimado y 12.661 toneladas de fósforo, lo que equivaldría al 8,1 % del consumo de fertilizantes minerales nitrogenados y al 12 % del fósforo mineral utilizado.
Autonomía estratégica
La principal conclusión cuantitativa del informe es el potencial del digestato para reducir la dependencia europea de fertilizantes convencionales. Los flujos actuales contienen aproximadamente 1,7 millones de toneladas de nitrógeno, 0,3 millones de toneladas de fósforo y 0,2 millones de toneladas de potasio. Con estas cifras, el biofertilizante podría sustituir técnicamente más del 16 % de los fertilizantes minerales nitrogenados utilizados en la agricultura europea, entre el 25 % y el 30 % del fósforo y cerca del 10 % del potasio.
El potencial a largo plazo es aún mayor. EBA estima que, de aquí a 2050, el sector europeo de los biogases podría generar alrededor de 177 millones de toneladas de fertilizantes en materia seca procedentes de flujos ricos en nutrientes. El contenido potencial alcanzaría entonces 9,7 millones de toneladas de nitrógeno, 1,7 millones de toneladas de fósforo y 0,8 millones de toneladas de potasio.
Este dato es especialmente relevante en el caso del fósforo, incluido por la Comisión Europea entre su listado de materias primas críticas. Frente a un modelo lineal basado en la extracción, transformación y uso de nutrientes minerales, la digestión anaerobia permite recuperar parte de esos nutrientes y reintegrarlos en el ciclo agrícola.
No obstante, EBA insiste en que no basta con medir el contenido en nutrientes. La composición del digestato varía según los sustratos utilizados, el proceso de digestión, el tratamiento posterior y las condiciones locales de aplicación. Por eso, cualquier intento de normalización debe apoyarse en análisis de laboratorio, criterios de calidad y prácticas agronómicas adaptadas a cada producto y territorio.
A diferencia de los fertilizantes químicos, que aportan nutrientes en formas solubles orientadas principalmente a la nutrición inmediata de la planta, el digestato cumple una doble función. Por un lado, proporciona nutrientes disponibles para los cultivos, especialmente nitrógeno amoniacal. Por otro, aporta materia orgánica estable, que contribuye a mejorar la estructura del suelo y su capacidad de almacenar carbono.
La separación de los coproductos de la digestión anaerobia en fracción líquida y fracción sólida permite afinar esta función agronómica. La fracción líquida, que puede representar entre el 70 % y el 97 % del volumen total, concentra buena parte del nitrógeno mineral y puede utilizarse como fertilizante de disponibilidad rápida. La fracción sólida, más rica en materia orgánica estable, fósforo y potasio, actúa como enmienda para mejorar la estructura del suelo y facilitar el transporte de nutrientes hacia zonas deficitarias.
El informe subraya, además, que una aplicación adecuada del digestato puede mantener los rendimientos agrícolas, mejorar la retención de nitrógeno y reducir pérdidas por lixiviación o escorrentía en comparación con una fertilización exclusivamente mineral. También apunta a beneficios sobre la salud del suelo, como el incremento del carbono orgánico, la mejora de la estabilidad de los agregados y una mayor capacidad de retención de humedad. En un escenario de sequías más frecuentes y presión sobre los recursos hídricos, este último aspecto adquiere una importancia creciente para las zonas mediterráneas.
Reto logístico
El valor del digestato, sin embargo, no depende solo de su potencial agronómico. También está condicionado por los costes de gestión, almacenamiento, transporte y tratamiento. Y ahí aparece uno de los principales desafíos identificados por EBA: el digestato contiene alrededor de un 95 % de agua, lo que encarece su traslado a largas distancias y limita su rentabilidad cuando no existe suficiente superficie agrícola cerca de la planta.
El informe señala que el transporte suele ser el componente dominante del coste, especialmente en sistemas ganaderos sin tierra propia suficiente, en zonas vulnerables a nitratos o en plantas industriales y centralizadas. En algunos casos, el coste de transportar digestato puede superar el valor de los nutrientes que contiene. Por eso, la localización de las plantas, la disponibilidad de terrenos agrícolas cercanos y la existencia de almacenamiento compartido resultan decisivas.
En modelos agrícolas de pequeña o mediana escala, especialmente cuando el digestato se devuelve a las mismas explotaciones que aportan estiércol o residuos, el sistema puede funcionar como un circuito local cerrado. En estos casos, el valor se materializa más por el ahorro en fertilizantes minerales y la mejora de la gestión de nutrientes que por una venta directa del producto.
En cambio, las plantas centralizadas, municipales o industriales necesitan modelos de negocio más estructurados. En estos casos, cobra importancia el tratamiento del digestato para reducir volumen, concentrar nutrientes, mejorar su estabilidad, facilitar el transporte y crear productos con una identidad comercial más clara.
Biorrefinerías
EBA identifica dos grandes vías para desbloquear el potencial del digestato. La primera consiste en reforzar los sistemas circulares locales, dotando a agricultores y operadores de herramientas, formación y equipamiento para aplicar el digestato con precisión y minimizar pérdidas de nitrógeno y amoniaco. Esto implica análisis de calidad, planificación de nutrientes, maquinaria adecuada, almacenamiento cubierto y aplicación en el momento correcto, siguiendo criterios agronómicos.
La segunda vía pasa por el desarrollo de biorrefinerías capaces de transformar excedentes de digestato o productos derivados en productos estratégicos: fertilizantes concentrados, sales amónicas, estruvita, soluciones ricas en fósforo, enmiendas orgánicas o materias primas para otros usos de la bioeconomía. Tecnologías como la separación sólido-líquido, el stripping de amoniaco, la precipitación de estruvita, la filtración por membranas, la evaporación o el secado permiten recuperar nutrientes y facilitar su transporte hacia regiones deficitarias.
No todas estas soluciones son igual de competitivas. Las tecnologías simples de separación mecánica presentan costes más bajos, mientras que los tratamientos avanzados requieren mayor inversión, energía y mercado suficiente para absorber productos de mayor valor. La clave, según el informe, es ajustar la tecnología a las condiciones locales: distancia a las explotaciones, excedentes o déficits de nutrientes, normativa aplicable y demanda real de fertilizantes reciclados.
Oportunidad económica
EBA estima que el valor anual de los nutrientes contenidos en el digestato europeo se sitúa entre 750 y 800 millones de euros. Si se incorpora el valor del carbono estable devuelto al suelo y las emisiones evitadas por la sustitución de fertilizantes minerales, el potencial ambiental y nutricional supera los 1.200 millones de euros.
Este valor no siempre aparece reflejado en el mercado. De hecho, una de las barreras más importantes es la percepción del digestato como un material de escaso valor o incluso como un residuo del que hay que desprenderse. En muchos países, los intercambios entre plantas de biogás y agricultores se realizan sin precio explícito: el digestato se devuelve a quienes aportaron estiércol o residuos, o se entrega gratuitamente para compensar costes logísticos.
Este modelo puede acelerar la adopción de fertilizantes reciclados, pero también genera un problema de fondo. Si se percibe como un residuo gratuito y no como un producto con valor agronómico, se dificulta la inversión en calidad, certificación, tratamiento y profesionalización del mercado. A largo plazo, esta infravaloración puede limitar la escalabilidad del sector.
EBA advierte de que la falta de reconocimiento económico y regulatorio puede crear un escenario de pérdida para todos: los operadores de biogás asumen costes crecientes de gestión, los agricultores no reciben información suficiente sobre el valor real del producto y Europa desaprovecha una vía para reducir su dependencia de fertilizantes minerales.
Desafío regulatorio
El avance del digestato dependerá en buena medida de la política europea y nacional. El informe señala que el marco actual sigue siendo fragmentado. La clasificación legal como producto, subproducto, residuo o material fin de residuo varía entre países, lo que genera incertidumbre.
Algunos Estados miembros han desarrollado sistemas de certificación, estándares de calidad o marcos regulatorios específicos. Otros mantienen criterios poco claros o inadaptados a la realidad del sector. EBA considera que el Reglamento europeo sobre productos fertilizantes puede ser una oportunidad para armonizar el mercado.
El informe de EBA obliga a ampliar la mirada sobre el valor de los biogases. El biogás y el biometano no solo aportan energía renovable. También articulan un sistema de aprovechamiento de residuos orgánicos que produce fertilizantes, mejora suelos, reduce emisiones y puede generar nuevas cadenas de valor. Crear condiciones de mercado estables y un marco europeo coherente para los fertilizantes de base biológica será esencial para desbloquear inversiones.