Fundación Naturgy ha presentado el informe Una visión estratégica para el biometano en España 2030-2040, elaborado por BIOREF, en el que se describen diversos escenarios para el desarrollo y aprovechamiento de este vector energético. El documento incluye una evaluación de potencial considerando todos los orígenes y una serie de recomendaciones para impulsar su expansión e integración en el mercado energético.
El informe sitúa a España entre los países europeos con mayor potencial teórico de producción de biometano: hasta 260 TWh al año si se movilizan de forma coordinada materias primas convencionales, nuevos recursos y tecnologías avanzadas. Este volumen permitiría sustituir una parte muy relevante del consumo actual de gas natural, especialmente en los sectores residencial e industrial, contribuyendo al cumplimiento de los objetivos de descarbonización y de reducción de la dependencia energética exterior.
Según el análisis de BIOREF, la compatibilidad total del biometano con la infraestructura gasista existente convierte a la red de gas en un activo estratégico para la transición energética. España dispone de más de 95.000 km de redes de transporte y distribución, que permiten inyectar el gas renovable sin necesidad de grandes adaptaciones técnicas y facilitan un almacenamiento energético estacional rentable, algo que resulta difícil de lograr únicamente con vectores eléctricos.
El documento subraya que el biometano puede desempeñar un papel clave en la descarbonización de sectores intensivos en emisiones, como el residencial, responsable del 8,5% de las emisiones nacionales, la industria (18,6%) y el transporte interno (32,5%). A diferencia de otras alternativas, el biometano está tecnológicamente maduro, puede utilizarse en los equipos e infraestructuras actuales y se adapta tanto a demandas continuas como a perfiles estacionales en usos como la calefacción o determinados procesos industriales.
Tres escenarios de desarrollo hasta 2040
BIOREF construye tres escenarios de evolución del biometano en España entre 2025 y 2040, que combinan distintos niveles de ambición política, rapidez administrativa, disponibilidad de infraestructuras y adopción tecnológica. Las trayectorias propuestas –Desarrollo Actual, Despliegue Moderado y Transición Acelerada– permiten evaluar cuánto biometano podría incorporarse al sistema gasista y qué volumen de demanda de gas natural sería sustituido en cada caso.
En el escenario de ‘Desarrollo Actual’, que toma como referencia las tendencias vigentes y un apoyo político limitado, la producción de biometano crecería de forma gradual hasta alcanzar unos 15 TWh en 2040, con un peso casi exclusivo de la digestión anaerobia y una contribución marginal de la gasificación y el PtM. Bajo estas condiciones, el biometano apenas sustituiría el 3% de la demanda total de gas en 2030 y el 7% en 2040, quedando lejos de los niveles necesarios para una descarbonización profunda del sistema gasista.
El escenario de ‘Despliegue Moderado’ plantea una agilización de la tramitación de permisos, incentivos de mercado de intensidad media y una progresiva incorporación de tecnologías alternativas, lo que permitiría elevar la producción hasta unos 27 TWh en 2040. En este contexto, el biometano podría cubrir el 4,5% de la demanda de gas en 2030 y el 13% en 2040, consolidando un crecimiento estable pero sin llegar a la descarbonización total de los usos convencionales de gas.
El escenario de ‘Transición Acelerada’, el más ambicioso, contempla un marco regulatorio claramente favorable, con tramitación rápida, objetivos de mezcla, incentivos al consumo y una inversión sustancial en infraestructuras, así como la plena movilización de materias primas tradicionales e innovadoras. En este caso, la producción de biometano se incrementaría de forma muy significativa hasta alcanzar los 92 TWh en 2040, con un despliegue amplio de digestión anaerobia, gasificación y PtM en todo el territorio.
En términos de integración en el mercado, la Transición Acelerada permitiría que los gases renovables alcancen unos 26,5 TWh en 2030 –en torno al 11,5% de la demanda de gas– y 92,3 TWh en 2040, lo que equivaldría a sustituir aproximadamente el 38,7% del consumo total de gas natural. El informe estima que, en este escenario, la demanda de gas en el sector residencial‑comercial podría estar completamente cubierta por gas renovable en 2040, logrando la descarbonización total de este segmento.
España frente a Europa
El documento sitúa la evolución del biometano en España en el contexto de las políticas europeas, en particular el Plan REPowerEU –que fija un objetivo de producción de 35 bcm (372 TWh) de biometano en la UE para 2030– y la Directiva de Energías Renovables (RED III), que establece una cuota mínima del 42,5% de energías renovables en el consumo final de energía para ese mismo año.
El análisis comparado destaca que países como Francia, Italia, Dinamarca, Alemania o los Países Bajos han impulsado el desarrollo del biometano a través de marcos integrales que combinan tarifas reguladas, primas, contratos por diferencias, subvenciones de capital, exenciones fiscales y sólidos sistemas de certificación. Francia, por ejemplo, ha articulado un esquema de tarifas reguladas que puede oscilar entre 46 y 139 €/MWh en función del tamaño de la planta y la materia prima, mientras que Italia combina ayudas a la inversión de hasta el 40% de los costes con primas competitivas y objetivos específicos de uso de biometano en el transporte.
El informe subraya el caso de Dinamarca, que ya cubre cerca del 25% de su demanda de gas con biometano y se ha fijado el objetivo de disponer de una red 100% renovable en 2050, apoyándose en primas, fiscalidad sobre combustibles fósiles y una planificación clara a largo plazo. En el norte de Europa, la existencia de mercados de certificados de origen y sostenibilidad consolidados facilita el comercio del biometano y proporciona visibilidad a los inversores.
Frente a estos ejemplos, el documento señala que España, a pesar de su elevado potencial, se enfrenta a la ausencia de un marco de incentivos robusto y de mecanismos orientados a la demanda. El biometano producido en España se exporta en gran medida a países con esquemas de apoyo más desarrollados, lo que comporta el riesgo de que el país se convierta en un exportador neto de valor ambiental sin aprovechar plenamente este recurso para cumplir sus propios objetivos de descarbonización.
Hoja de ruta gradual
En el capítulo de recomendanciones, el informe plantea una hoja de ruta gradual, vinculada a cada uno de los escenarios, que se estructura en torno a la creación de un auténtico mercado nacional de biometano, la movilización de materias primas y el despliegue de tecnologías avanzadas. El mensaje central es claro: es necesario evolucionar desde un enfoque centrado exclusivamente en las subvenciones a la producción hacia un modelo basado en la demanda, con obligaciones de mezcla, señales de precio y sistemas de certificación bien integrados.
Entre las medidas prioritarias, el informe propone reforzar los sistemas de certificación existentes –garantías de origen (GdO) y pruebas de sostenibilidad (PdS)–, clarificando su convivencia y su integración con los marcos europeos para asegurar la trazabilidad del gas renovable y evitar solapamientos regulatorios. La mejora de la infraestructura para la inyección de biometano, incluyendo capacidades de flujo inverso y soluciones logísticas como los gasoductos virtuales, aparece como otro elemento clave para conectar la producción distribuida con la red y superar limitaciones geográficas.
El documento también reclama reformas regulatorias que faciliten el uso de residuos agrícolas, estiércoles y otros recursos orgánicos como materias primas, alineando la política energética con los objetivos de economía circular y gestión eficiente de residuos. En paralelo, se recomienda explorar la introducción de objetivos de mezcla de biometano para los comercializadores de gas, así como incentivos fiscales al consumo de gas renovable certificado en sectores como el residencial e industrial.
Para el escenario de mayor ambición, las recomendaciones se amplían a la escala masiva de tecnologías como la gasificación y el PtM, el refuerzo de la capacidad técnica e institucional de todos los agentes implicados y una planificación de infraestructuras que anticipe los nuevos flujos de gas renovable. La formación de operadores, promotores y administraciones, junto con la coordinación intersectorial, se considera indispensable para garantizar una implementación eficaz y maximizar los beneficios económicos y ambientales asociados al despliegue del biometano.