La edición 2025 del bp Energy Outlook llega en un momento de gran transformación para el sistema energético mundial. Las tensiones geopolíticas, el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la demanda eléctrica, el aumento de las inversiones en energías limpias y la evolución del consumo de gas natural marcan el ritmo de una transición que avanza entre la urgencia climática y la necesidad de garantizar el suministro.
El informe, que presenta dos escenarios —Current Trajectory y Below 2º—, no busca ofrecer una única predicción, sino explorar las posibles rutas que puede seguir la energía global hasta 2050. Ambos escenarios sirven como base para comprender las fuerzas que están redefiniendo el panorama energético: la prioridad de la seguridad de suministro, el papel creciente de las economías emergentes, la ralentización de la eficiencia energética y la expansión de nuevas tecnologías de bajo carbono.
Seguridad energética
El documento parte de una constatación: el sistema energético mundial vive un momento de fragilidad e interdependencia. Las guerras en Ucrania y Oriente Medio, el uso creciente de sanciones y aranceles, y las tensiones comerciales han devuelto la seguridad energética al centro del debate.
En este contexto, el gas natural mantiene un papel estratégico como fuente de energía flexible, segura y de respaldo para los sistemas eléctricos. La pérdida de gas ruso en Europa y la mayor dependencia de los mercados internacionales de GNL han reconfigurado las rutas de suministro, reforzando el liderazgo de Estados Unidos y Oriente Medio como polos exportadores.
Demanda y eficiencia
El Energy Outlook 2025 confirma que el consumo energético global continúa creciendo —un 2% en 2024, por encima de la media de la última década—, impulsado por las economías emergentes. Este aumento, sin embargo, contrasta con los pobres resultados en materia de eficiencia energética, cuyo avance anual apenas alcanza el 1,5%, frente al 2% registrado en la década anterior.
Esa debilidad ha frenado el ritmo de reducción de emisiones y ha sostenido la demanda de combustibles fósiles pese al fuerte crecimiento de la solar y la eólica. El informe advierte de que, si las emisiones de CO₂ se mantienen en niveles actuales durante los próximos diez años, será cada vez más difícil —y costoso— mantenerse dentro del presupuesto de carbono compatible con un calentamiento global inferior a 2°C.
El papel del gas natural
El capítulo dedicado al gas natural es uno de los ejes del bp Energy Outlook 2025. El informe describe una trayectoria dual: el gas crece con fuerza en las economías emergentes, pero se reduce en los países desarrollados conforme avanza la electrificación y se despliegan las renovables.
El aumento o la disminución de la demanda de gas natural y GNL en los próximos 25 años dependerá del ritmo de la transición energética. La demanda de gas natural y las importaciones de GNL aumentan en las economías emergentes a medida que crecen y se industrializan.
Sin embargo, en las vías de transición acelerada, estos aumentos se ven compensados por el abandono del gas natural en favor de energías con menores emisiones de carbono. El uso de biocombustibles y biometano crecerá en los próximos 25 años. Sin embargo, la magnitud de esa expansión dependerá del alcance de las políticas y mandatos gubernamentales que apoyen su uso.
En el escenario Current Trajectory, la demanda mundial de gas aumenta cerca de un 20% hasta 2035, alcanzando unos 4.700 bcm. Más del 80% de este crecimiento proviene de Asia, Oriente Medio y Estados Unidos, impulsado por el consumo industrial —en especial el sector químico— y el uso en generación eléctrica y edificación.
En cambio, en Below 2°, la demanda toca techo a finales de esta década, regresa a niveles actuales en 2035 y cae un 50% hacia 2050. La electrificación del calor y la industria, junto con la sustitución progresiva por energías bajas en carbono, provocan un descenso sostenido.
Pese a esta divergencia, el gas conserva un papel fundamental como “energía puente”: facilita la integración de renovables, asegura el suministro en sistemas eléctricos intermitentes y actúa como materia prima clave para el desarrollo del hidrógeno y los combustibles sintéticos. Además, el informe subraya que en un contexto de transición ordenada, alrededor del 60% del gas utilizado en 2050 podría combinarse con tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCUS).
Auge del GNL
El comercio mundial de gas natural licuado (GNL) seguirá siendo un elemento decisivo. Según el Outlook, las exportaciones globales aumentarán más de un 60% de aquí a 2035, con Estados Unidos y Oriente Medio como grandes polos exportadores, concentrando dos tercios del crecimiento total.
Este dinamismo responde, en gran medida, a la creciente demanda de Asia emergente —China, India y el Sudeste Asiático—, regiones con escasos recursos propios y limitadas alternativas de gas por gasoducto. En este grupo de países, el GNL cubrirá prácticamente todo el incremento de la demanda.
En contraste, Europa experimentará un proceso de ajuste. Tras sustituir el gas ruso por GNL en los últimos años, su consumo tenderá a estabilizarse o incluso a descender. En 2035, las importaciones europeas de GNL cubrirán el 40% de la demanda total, frente al 20% previo a la guerra en Ucrania. En el escenario de transición acelerada, el consumo europeo caería un 80% hacia 2050.
Estados Unidos, por su parte, consolidará su papel como gran productor y exportador. Su producción de gas crecerá un 15% hasta 2035, impulsada tanto por la demanda interna —aumentada por los centros de datos y la digitalización— como por el auge de sus exportaciones de GNL, que representarán una quinta parte de su producción total.
Energías bajas en carbono
La inversión mundial en energías limpias alcanzará los 2,2 billones de dólares en 2025, un 70% más que en 2020, según datos citados por bp. Sin embargo, esta inversión se concentra en las economías desarrolladas y en China, mientras que otras regiones emergentes siguen enfrentando elevados costes financieros.
La generación eólica y solar se ha duplicado desde 2019, con China liderando más de la mitad del incremento global. Pero el crecimiento de estas tecnologías ha tensionado las redes eléctricas, cuyos procesos de planificación y conexión se han alargado significativamente.
El desarrollo de vectores menos maduros —como el hidrógeno de bajas emisiones, los combustibles sostenibles o el CCUS— sigue en fase incipiente y depende fuertemente de las políticas públicas. El informe prevé que su expansión solo alcanzará escala significativa en la segunda mitad del horizonte de análisis, especialmente en el escenario Below 2°.
Conclusiones
El bp Energy Outlook 2025 no ofrece certezas, sino escenarios para la reflexión. El futuro del gas natural y del conjunto del sistema energético dependerá de la velocidad y la coherencia de la transición, de las políticas de apoyo, y de la capacidad para equilibrar tres prioridades: seguridad, asequibilidad y sostenibilidad.
En cualquiera de los caminos, el gas natural seguirá desempeñando un papel central en la próxima década, tanto como soporte del sistema eléctrico como vector de descarbonización cuando se combine con tecnologías de captura de carbono. El reto para gobiernos y empresas será gestionar este equilibrio sin perder de vista el objetivo final: un sistema energético global más limpio, resiliente y justo.
El informe estructura su análisis en torno a dos escenarios principales:
Ambos escenarios muestran tendencias comunes: el crecimiento de la demanda energética en los países emergentes, el auge de la electrificación, la caída del carbón y la consolidación de la solar y la eólica como principales fuentes de generación. Pero también reflejan diferencias cruciales en el papel de los hidrocarburos, especialmente del gas natural.