Consejos prácticos para un consumo térmico responsable y eficiente



La bajada de las temperaturas invita a revisar la eficiencia de nuestros equipos de calefacción. El objetivo de los hogares no es otro que reducir la factura energética sin sacrificar el confort. Las calderas de condensación y los termostatos inteligentes permiten ahorros significativos, más todavía si incorporamos otros pequeños hábitos.

Por Pilar Ortega

El agua caliente sanitaria y la calefacción representan en torno al 60% del gasto energético de los hogares españoles, según se desprende del último informe sobre consumo por usos del sector residencial elaborado por el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE). Siendo así, la bajada estacional de las temperaturas reaviva la preocupación de los hogares por la eficiencia energética: cómo mantener una factura asequible durante los meses de invierno sin comprometer el confort. Algunos hábitos y decisiones pueden representar un ahorro significativo.

Las calderas continúan siendo la tecnología más habitual en el parque residencial y el gas constituye uno de los pilares energéticos de los hogares españoles. De esta fuente de energía depende la seguridad térmica de veinte millones de personas. La clave para conseguir una mayor eficiencia del consumo se encuentra en una combinación de hábitos responsables, tecnología adecuada y pequeñas mejoras en la vivienda.

Ventajas de las calderas de condensación

Entre todas las decisiones que puede tomar un hogar para reducir su consumo, una sobresale por su impacto inmediato: instalar una caldera de condensación. Esta tecnología aprovecha el calor latente del vapor de agua generado durante la combustión, consiguiendo eficiencias cercanas al 100% respecto al poder calorífico superior. En la práctica, esto significa hasta un 30% menos de consumo de gas en comparación con otros sistemas, además de una significativa disminución de emisiones contaminantes.

El coste medio ronda los 1.500 euros y, gracias al ahorro generado, la amortización puede realizarse en pocos meses. Silenciosas, adaptables a cualquier tipo de vivienda y válidas tanto para hogares nuevos como ya existentes, estas calderas se han consolidado como la opción más equilibrada en eficiencia, coste y sostenibilidad.

Seguir algunos sencillos consejos permite optimizar la eficiencia de la caldera de condensación. Por ejemplo, es preciso verificar la presión del agua en la caldera, manteniéndola alrededor de 1,2 bar, y ajustarla si es necesario para un flujo correcto. También deben purgarse los radiadores regularmente para eliminar aire atrapado y hacerlo, al menos, una vez al año antes del invierno. Es preciso mantener limpia la zona alrededor de la caldera, evitando obstrucciones en la ventilación.

Más allá de la tecnología, buena parte del ahorro depende del propio domicilio. Una vivienda bien aislada reduce de inmediato la necesidad de calefacción. Las pérdidas de calor se concentran en ventanas, puertas, paredes y techos, y basta una pequeña rendija o un cristal simple para perder confort y aumentar la factura. Sustituir ventanas por doble acristalamiento, colocar burletes o sellar huecos con silicona son gestos sencillos que contribuyen a mantener estable la temperatura interior. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía recuerda que cada grado adicional supone entre un 5% y un 10% más de gasto. Mantener el termostato entre 18 y 21 °C resulta suficiente para la mayoría de hogares.

Durante la noche, la temperatura puede bajar hasta los 16-18 °C. Si nadie está en casa durante unas horas, conviene reducirla, aunque sin enfriar demasiado para evitar un consumo elevado al recuperar la temperatura inicial.

La gestión de la energía también pasa por rutinas diarias: ventilar durante un máximo de diez minutos, cerrar habitaciones que no se utilicen, retirar muebles o cortinas que tapen los radiadores y aprovechar la luz solar durante las horas centrales del día. Al caer la noche, cerrar cortinas y bajar persianas evita fugas de calor y reduce el trabajo de la calefacción. En cuanto al suelo, las alfombras y moquetas actúan como aislantes naturales que pueden llegar a mejorar el confort térmico y reducir el consumo entre un 20% y un 40%.

Termostatos inteligentes

La digitalización también ha llegado al control de la calefacción. Los termostatos conectados permiten programar temperaturas, detectar hábitos de uso e incluso anticipar cambios meteorológicos. Pueden controlarse desde el móvil y ajustan automáticamente la potencia de la caldera para evitar excesos.

Simplemente bajar un grado en el termostato puede ahorrar hasta un 7% de la factura. La domótica, aplicada tanto al gas como a la electricidad, se ha convertido de esta forma en un aliado clave para hogares que buscan eficiencia sin renunciar al confort.

Agua caliente

El agua caliente sanitaria representa otro porcentaje importante de la factura energética, pero es posible obtener un significativo ahorro con sencillos gestos. Las duchas consumen cuatro veces menos que un baño y basta con ajustar la temperatura entre 30 y 35°C.

Mantener los grifos en posición fría cuando no se necesita agua templada evita encendidos involuntarios de la caldera. Pequeños dispositivos como reductores de caudal o cabezales de bajo consumo ayudan a reducir tanto consumo energético como de agua.

Cocina y calefacción

La cocina es otro espacio donde pequeños cambios pueden tener un impacto notable. Tapar las ollas permite alcanzar antes la temperatura de cocción, y utilizar recipientes del tamaño adecuado evita desperdiciar energía. Las ollas a presión reducen tiempos y consumo, y aprovechar el calor residual del horno evita prolongar el funcionamiento. A esto se suma la importancia de mantener limpios los quemadores, ya que la suciedad obliga a la caldera o a la placa a trabajar más para generar el mismo calor.

También es posible reducir el gasto en calefacción. Con hábitos responsables, los hogares que combinan tecnología eficiente, como las calderas de condensación o los termostatos inteligentes, logran reducir significativamente su factura.

CONSEJOS DE SEGURIDAD EN EL USO DEL GAS

Aunque el gas es una energía segura y estable, es importante seguir unas pautas básicas para garantizar un uso correcto en el hogar:

Revisar periódicamente la caldera y los calentadores. Las inspecciones deben realizarse siempre por personal autorizado. Mantener los equipos a punto prolonga su vida útil y mejora la seguridad.

Asegurar la ventilación. Nunca tapar las rejillas de ventilación ni instalar sistemas que bloqueen la entrada o salida de aire. Son imprescindibles para el correcto funcionamiento de los aparatos de gas.

Vigilar la combustión. Si la llama cambia de color azul a amarilla o anaranjada, puede indicar un problema en el aparato. Conviene avisar a un técnico.

No manipular instalaciones ni equipos. Cualquier reparación, sustitución o ajuste debe realizarla un profesional acreditado.

Evitar cubrir radiadores y salidas de calor. Además de aumentar el consumo, impide la correcta disipación del calor y puede generar riesgos.

Cerrar la llave del gas durante ausencias prolongadas. Es una medida simple que evita incidentes cuando se está fuera de casa durante un periodo largo de tiempo.

Ante olor a gas, hay que actuar rápido. Abrir ventanas, cerrar la llave general, evitar encender interruptores o aparatos eléctricos. Además, es preciso llamar al servicio de emergencia o a la distribuidora cuanto antes.