Almacenamientos subterráneos de gas: España, hub de las reservas estratégicas europeas



Las incertidumbres y vulnerabilidades asociadas al proceso de transición energética, así como la preocupación por posibles crisis de suministro de difícil previsión, han puesto de relieve la importancia estratégica de los almacenamientos subterráneos de gas. Estos gigantescos repositorios naturales se han convertido en un elemento esencial para garantizar el suministro y son objeto de interés creciente por parte de muchos gobiernos. Un reciente informe de la Unión Internacional del Gas cuantifica el presente y avanza el futuro de estas infraestructuras a escala global.

Por Juan Carlos Giménez

Los almacenamientos subterráneos de gas (también conocidos como UGS, por sus siglas en inglés) son gigantescas cavidades naturales que se hallan en el subsuelo o bajo el lecho marino. Se trata de antiguos yacimientos de hidrocarburos que, por sus características geológicas, tienen la capacidad de acumular grandes volúmenes de gas natural y convertirse en depósitos naturales donde hacer acopio de esta fuente de energía.

Junto a los antiguos yacimientos de hidrocarburos, existen otras formaciones geológicas susceptibles de convertirse en almacenamientos de gas, principalmente acuíferos o cavidades rocosas o salinas, aunque son las fosas que ya albergaron originalmente gas natural las más utilizadas.

Actualmente existen en todo el mundo un total de 699 UGS, con un volumen conjunto que alcanza la cifra de 424 bcm (miles de millones de metros cúbicos). Por áreas geográficas, Estados Unidos y Canadá lideran claramente la estadística, con una capacidad conjunta de 164 bcm, seguida de Europa, con 142 bcm.

Los países de la Comunidad de Estados Independientes (antigua Unión Soviética) suman 83 bcm, mientras que Asia cuenta con una capacidad de 20 bcm, y Asia/Pacífico (que incluye Australia y Nueva Zelanda, Japón y los países del sudeste del continente asiático) dispone de solamente seis. Los países de América Latina disponen de una capacidad casi insignificante, puesto que suman apenas 0,2 bcm.

Estadística por países

La estadística por países señala que son 37 las naciones que disponen de este tipo de infraestructura, con un dominio abrumador por parte de los Estados Unidos, que cuenta con 403 de los 699 UGS (el 57% del total), y una potencia conjunta de 138,09 MW y 3.395 millones de metros cúbicos/día. Canadá es el segundo país en número de instalaciones (64), seguido de Alemania (44), China (25), Rusia (24) y Francia (14). España figura en el puesto 23 del listado, con una potencia de 2,41 MW y una capacidad de 21 millones de metros cúbicos/día.

La Unión Internacional del Gas (IGU, por sus siglas en inglés) acaba de publicar el informe “Almacenamiento de gas subterráneo: pilar fundamental para la seguridad energética”, que analiza el presente y el futuro de este tipo de infraestructuras. En él se subraya que “el almacenamiento subterráneo de gas desempeña un papel fundamental para afrontar los retos relacionados con la satisfacción de la demanda máxima de gas y la respuesta a los periodos de intermitencia de las energías renovables”.

Y añade el documento que, al permitir el almacenamiento de grandes volúmenes de este hidrocarburo, “ayuda a los mercados energéticos a gestionar las variaciones estacionales, absorber las perturbaciones a corto plazo y garantizar un suministro fiable y puntual a los consumidores”.

Equilibrar la oferta y la demanda, estabilizar las redes de transmisión, mejorar la seguridad energética, favorecer la eficiencia del mercado y optimizar los flujos de producción son otras ventajas que aporta el almacenamiento subterráneo, lo que lo convierte en “un elemento clave para el desarrollo de sistemas energéticos integrados y resilientes”.

El objetivo es disponer de un significativo stock de este recurso antes de su paso a las redes de distribución y al consumidor final, logrando así un “colchón de seguridad” ante posibles interrupciones temporales del suministro desde los países productores.

Análisis por regiones

Al analizar el presente y el futuro de los repositorios subterráneos, el informe de la Unión Internacional del Gas fija su atención en cuatro macro-regiones:

Norteamérica, donde en los últimos años se ha registrado un pequeño incremento de la capacidad de los UGS, pero que el número de nuevos proyectos es bastante limitado (aunque debe tomarse en consideración su claro liderazgo mundial en este ámbito). Su actual infraestructura está basada en numerosas instalaciones de pequeña escala, que son en todo caso el recurso más importante a la hora de suministrar gas en los meses invernales.

Europa (incluida Ucrania) ha incrementado su capacidad de almacenamiento ligeramente en los últimos tres años. Los repositorios subterráneos son, por un lado, fundamentales para el buen funcionamiento del sistema energético, aunque algunos han dejado de operar. El informe señala que estas infraestructuras se hallan en el Viejo Continente frente una encrucijada, y que su papel definitivo en el marco de la transición energética está aún por definir.

Los países de la antigua URSS poseen instalaciones de gran escala y de titularidad pública, y basan en el almacenaje tanto el equilibrio de la desigual demanda según estaciones como el apoyo a sus operaciones de exportación.

Asia es la región mundial que más destaca por el desarrollo del almacenamiento subterráneo en los últimos años, impulsada sobre todo por el cambio estratégico de la política energética china de sustitución del carbón por el gas. Se espera que esta expansión continúe, si bien el desarrollo de infraestructuras sigue rezagado respecto al creciente consumo de gas en el gigante asiático.

Latinoamérica y África siguen manteniéndose a la cola en cuanto al desarrollo de este tipo de almacenamientos en el subsuelo, sin que esté previsto ningún cambio sustancial en un próximo futuro. A escala global, se han anunciado nuevos proyectos de UGS que se encuentran en diversas fases de desarrollo y que sumarían 65,9 bcm adicionales de capacidad. La mayor parte de ellos (un 58%) corresponden a ampliaciones de almacenamiento ya existentes, frente a un 42% de nuevos proyectos.

En su análisis de los almacenamientos subterráneos, la IGU subraya el hecho de que el gas natural sigue siendo una piedra angular en el actual panorama energético, teniendo en cuenta la presión en los mercados provocada por las fluctuaciones estacionales de la demanda, persistentes y cada vez más agudizadas.

Gas disponible y flexible

Estos picos de demanda requieren fuentes de energía disponibles, a la vez que flexibles, dos condiciones que el gas puede satisfacer. Al mismo tiempo, el informe señala que esta fuente de energía desempeña un doble papel que es crucial en el contexto de un cambio en el modelo de mix energético: se trata de un recurso fiable, a la vez que flexible, capaz de hacer frente tanto a las cambiantes necesidades estacionales como a súbitos picos de demanda.

El documento pone igualmente de relieve el hecho de que el cambio climático está aumentando la presión sobre el sistema energético por los cada vez más frecuentes y severos eventos meteorológicos que se registran en cualquier parte del planeta.

Asimismo, la creciente interdependencia de los mercados del gas y eléctrico acrecienta la vulnerabilidad del sistema, elevando la posibilidad de fallos de suministro en cascada. Es en este contexto complejo y de riesgo, señala el informe de la IGU, que “asegurar un suministro de gas estable y resiliente es crucial para proteger tanto la seguridad del suministro energético como la estabilidad de los precios”.

Ante este panorama, el almacenamiento subterráneo de gas juega un papel esencial para afrontar estos retos. Gracias al acopio de grandes volúmenes de este recurso es posible gestionar tanto las fluctuaciones estacionales de la demanda como las perturbaciones puntuales de los mercados, asegurando el suministro a tiempo a los consumidores. Los almacenes de gas en el subsuelo tienen la capacidad de equilibrar oferta y demanda, estabilizar las redes de transmisión, mejorar la seguridad energética, apoyar operaciones de mercado más eficientes y optimizar los flujos de producción, lo que los convierte en elementos críticos para lograr un sistema energético integrado y resiliente.

Abundando en estos argumentos, el documento de la Unión Internacional del Gas subraya el hecho de que los repositorios de gas subterráneos ofrecen simultáneamente solidez estratégica y flexibilidad operacional, dado que operan al mismo tiempo como reserva a largo plazo y como medida de respuesta rápida ante situaciones puntuales o imprevistas.

Su importancia se pone en evidencia especialmente en entornos de crisis, que pueden incluir desde condiciones climatológicas extremas hasta interrupciones en la cadena de suministro, pasando por conflictos geopolíticos con incidencia en el mercado de la energía. En todas estas circunstancias, el almacenamiento preventivo de gas puede ser utilizado de inmediato para proteger el sistema y defender a los consumidores frente a picos de precios o problemas de desabastecimiento.

Caso práctico: la pandemia del covid

Más allá de las valoraciones, el informe pone en evidencia un caso práctico que evidencia el papel protector de estas infraestructuras de almacenaje de gas. Y el ejemplo no es otro que los incrementos en el precio de esta fuente de energía en el periodo 2020-2022, iniciados a raíz de la pandemia del COVID.

En una primera fase (2020-2021), tras los primeros brotes de la pandemia en China, los precios del gas en Europa se mantuvieron al margen de la volatilidad experimentada en Asia, en gran medida gracias a los elevados niveles de existencias en toda la Unión Europea, que alcanzaron el 92% de la capacidad de los repositorios. Estas reservas proporcionaron un colchón que absorbió las fluctuaciones mundiales y contribuyó a mantener la estabilidad de los precios en la UE. Sin embargo, ya entonces comenzaron a apreciarse los primeros indicios de la que acabaría convirtiéndose en una crisis energética de alcance global.

Por el contrario, en una segunda fase (2021- 2022) —y con los depósitos europeos a un nivel significativamente más bajo (75%)— los países del Viejo Continente se vieron mucho más expuestos a las tensiones del mercado global del gas. Como respuesta, las autoridades europeas adoptaron una nueva regulación del almacenamiento de gas en junio de 2022, como una primera tentativa para fortalecer los requisitos de almacenamiento entre todos los Estados miembros.

Este cambio de política pone de relieve el papel crucial de los depósitos subterráneos para mejorar la seguridad del suministro y mitigar la volatilidad de los mercados. De cara al futuro, el documento de la Unión Internacional del Gas expresa las condiciones para garantizar que los almacenamientos subterráneos de gas sigan representando un fundamento básico para el sistema energético global. Y dichas condiciones pasan por el mantenimiento de la cooperación internacional, la innovación continua y un activo intercambio de conocimiento.

Situación en Europa

En cuanto a la situación en Europa —y al volumen de gas almacenado por los países de la UE— hay que decir que 2024 fue el tercer año consecutivo en el que la Unión garantizó unas reservas de gas abundantes con suficiente antelación antes del invierno. El objetivo de llenado de las instalaciones de almacenamiento, fijado en un 90% y acordado en 2022, ya se había alcanzado en agosto de 2024. Y en 2025, las reservas se han mantenido por encima de los promedios de 2021.

Los datos recopilados por Gas Infrastructure Europe (GIE, la asociación de operadores de infraestructuras en el viejo continente) señalan que, en el periodo 2022-2024, el nivel medio de almacenamiento fue muy superior al de 2021. El objetivo de un nivel de llenado del 80% se alcanzó en agosto de 2022, mientras que en 2023 las instalaciones de almacenamiento superaron ese porcentaje en julio, y el 90% en agosto. En 2024, el umbral del 90% se alcanzó en agosto. En 2025, a fecha 23 de noviembre, según la GIE, el nivel de almacenamiento se sitúa en torno al 80% con 903,32 TWh de gas.

En términos generales, hay que decir que la mayoría de los Estados miembros de la UE disponen de instalaciones de almacenamiento de gas en su territorio. La capacidad de la que disponen únicamente cinco países (Alemania, Italia, Francia, Países Bajos y Austria) representa dos tercios del total para toda la UE.

Con arreglo al Reglamento europeo, aquellos países que no dispongan de instalaciones de almacenamiento de gas tienen la obligación de almacenar al menos el 15% de su consumo anual en reservas situadas en otros Estados miembros, de modo que tengan acceso garantizado a las mismas. Este mecanismo refuerza la seguridad del suministro en toda la Unión, al tiempo que permite repartir la carga financiera que supone cubrir las capacidades de almacenamiento de la UE.

De esta manera, los Estados miembros con menor capacidad de almacenamiento colaboran con los que disponen de instalaciones más grandes para asegurar sus reservas.

Tecnología y capacidades: no todos los almacenamientos son iguales

Los almacenamientos subterráneos de gas se clasifican en función del tipo de formación geológica y su rendimiento:

  • Campos de gas agotados: representan el 74% del volumen mundial y son los más utilizados debido a su estabilidad.
  • Acuíferos profundos: aportan un 11%.
  • Cavernas salinas: apenas un 9% del volumen, pero su alta capacidad de inyección y extracción rápida les da un papel clave para la flexibilidad diaria y semanal.

Cómo funciona un almacenamiento subterráneo

En los almacenamientos subterráneos se llevan a cabo dos procesos fundamentales: inyección y extracción de gas natural. Durante el proceso de inyección, el gas natural que procede de la red básica de gasoductos se comprime para poder inyectarlo en formaciones profundas. El gas inyectado, que ocupa un volumen mucho menor que en superficie, desplaza el agua que rellena los poros de la roca almacén, que está sellada por una capa superior de roca impermeable.

En la fase de extracción, el gas natural se extrae del almacenamiento y se trata con el fin de que cumpla con las especificaciones requeridas para su transporte por la red básica de gasoductos (punto de rocío de agua, punto de rocío de hidrocarburos, poder calorífico superior, etc.). Finalmente, se odoriza antes de su envío a la red.

Fuente: Enagás

 

Cuatro depósitos subterráneos en España: Huesca, Bizkaia, Guadalajara y Huelva

En España existen cuatro almacenamientos subterráneos: Serrablo (Huesca); Gaviota (Bizkaia); Yela (Guadalajara) y Marismas (Huelva). Se trata de elementos clave de cara a ajustar la oferta a la demanda y hacer frente a las puntas de consumo que puedan producirse a lo largo del año, motivadas ya sea por variaciones estacionales o por otros factores menos previsibles. Enagás, socio de Sedigas, gestiona tres de estos cuatro almacenamientos:

SERRABLO

Serrablo fue el primer almacenamiento subterráneo puesto en marcha en España. Combina dos yacimientos independientes (Aurín y Jaca) que originariamente fueron yacimientos de donde se extrajeron 910 millones de metros cúbicos de gas natural entre 1984 y 1989. En este último año, y tras finalizar su fase de explotación, fue convertido en almacenamiento.

Capacidad total 1.100 mill.m3 (n)

Gas operativo 680 mill. m3 (n)

Gas colchón – Extraíble 140 mill. m3 (n)

Gas colchón – No extraíble 280 mill. m3 (n)

Inyección máxima 3,8 mill. m3 (n)/d

Producción máxima 6,7 mill. m3 (n)/d

GAVIOTA

El almacenamiento bautizado como Gaviota se ubica 12 millas mar adentro en la costa de Bizkaia, frente a la localidad pesquera de Bermeo. Se localiza a 2.500 metros de profundidad por debajo del lecho marino, que en este emplazamiento tiene una profundidad de 105 metros. Se trata también de un yacimiento que, tras concluir su explotación en el año 1994, se convirtió en la primera experiencia llevada a cabo en Europa de reconversión de un yacimiento off-shore en almacén.

Capacidad total 2.681 mill.m3 (n)

Gas operativo 980 mill. m3 (n)

Gas colchón – Extraíble 567 mill. m3 (n)

Gas colchón – No extraíble 1.134 mill. m3 (n)

Inyección máxima 4,5 mill. m3 (n)/d

Producción máxima 5,7 mill. m3 (n)/d

YELA

El depósito subterráneo de Yela está operativo desde el año 2012 y no se trata, como en los dos casos anteriores, de un antiguo yacimiento de gas: en esta localidad castellanomanchega se realizaron infructuosas prospecciones en los años 90 del siglo pasado a la búsqueda de petróleo. En vez del oro negro, los geólogos hallaron una gigantesca sima subterránea a más de 2.000 metros de profundidad, idónea para convertirse en almacenamiento de gas, y estratégicamente situada en el centro de la península ibérica.

Capacidad total 2.000 mill.m3 (n)

Gas operativo 1.050 mill. m3 (n)

Gas colchón – No extraíble 900 mill. m3 (n)

Inyección máxima 10 mill. m3 (n)/d

Producción máxima 1 5 mill. m3 (n)/d