Por Pilar Ortega
El Corral de la Morería cumple 70 años. Hay quien dice que este templo del flamenco no sería nada sin Blanca del Rey.
Todos somos eslabones. Es como una arquitectura, como un monumento, y eso es el Corral, una catedral del arte… Los cimientos los puso mi marido, Manuel del Rey, y son poderosos, y los demás eslabones hemos ido trenzando este proyecto. La inspiración es el trabajo. En mi casa, mis hijos han visto que trabajar da frutos, sobre todo cuando pones ahínco y lo haces con gusto.
¿Qué es el flamenco para Blanca del Rey?
Es una manera de estar en el mundo, es una filosofía, un camino interior. El flamenco no nació en un escenario, nació en diferentes rincones de España, porque todas las músicas españolas desembocan en Andalucía. Una farruca es una muñeira y las sevillanas son las seguidillas de Castilla. Yehudi Menuhim, a quien tuve la enorme suerte de conocer, decía que el flamenco es un milagro, una música única en el mundo.
¿Qué personaje de todos los que han pasado por el Corral le ha dejado más huella?
Posiblemente Rock Hudson. Yo venía de Córdoba y si España estaba cerradita, imagínate Córdoba. Era una ciudad muy moralista, muy senequista. Y cuando hice mi debut en el Corral, me encuentro con Rock Hudson y encima se fija en mí. Era mucho más guapo que en las películas. No se me olvida.
¿Alguien más?
A Lana Turner la llevo en mi corazón. Ella fue al Corral dos meses antes de morir. Quiso subirse al escenario y, con los ojos con lágrimas, dijo que había pasado una de las mejores noches de su vida. Estamos en una foto llorando. Ella hablaba un español perfecto. El Corral es un espacio lleno de emociones, y por eso los artistas notan cosas especiales en el escenario.
Premio Nacional de Danza, Medalla al Mérito en las Bellas Artes… ¿Se considera una persona reconocida?
Yo nunca he buscado premios ni reconocimientos, pero los recibo con agrado. Sin embargo, el aplauso más importante para mí es silencioso. Y eso sucede cuando sé que lo he hecho muy bien y el aplauso me lo doy yo. El artista siempre es un ser insatisfecho y gracias a eso evoluciona.
¿Cómo es Blanca del Rey?
Yo soy silvestre… Soy una flor silvestre y también un geranio trasplantado. Me gusta conocer a las personas y si hay algo en ellas que me llega, estoy ahí. Y si no, no me abro. Me gustan las personas que me dan la mano con la palabra. La palabra tiene mucho poder. Es como las flores. No todas las flores se abren. Depende del entorno, si es seco, húmedo o si hace calor
¿De quién fue la idea de fusionar el flamenco con la alta gastronomía?
Fue idea de mi marido. Lo que hizo fue una revolución. Su padre no quería que se arriesgara tanto. Por eso, el éxito del corral fue grande y sigue siendo vanguardia hoy. Ahora, gracias también al chef David García, tenemos una estrella Michelin en nuestro restaurante gastronómico.
¿Qué significa Córdoba para usted? Porque allí empezó todo.
Córdoba es mi otra mitad. Debo todo a Madrid, pero debo mi manera de pensar y de sentir a Córdoba. Madrid es increíble. Es esa madre que todo lo da y en silencio. Era muy niña cuando llegué a Madrid. La suerte me ayudó. Porque caí en ese universo intelectual que era el Corral, donde se reunían las grandes cabezas pensantes de España: Tito Fernández, Luis García Berlanga, Sáenz de Heredia, etc. El Corral fue para mí la Universidad de Salamanca. Allí aprendí a descifrar el alma humana.
¿Algún sueño incumplido?
Llevar a escena a Juana la Loca. La obra está escrita y guardada, pero está pendiente. Juana la Loca fue la primera mujer que hizo huelga de hambre, y la encerraron en una torre hasta el final de sus días. Era una mujer muy inteligente que sabía tres idiomas, sin contar el latín y el griego, y eso no era normal. También me gustaría que se lograra la paz social… La paz es la palabra más bella que existe. En ella entra todo lo bonito: el cariño, el amor…. Y como madre, deseo que mis hijos tengan trabajo y salud. Sin salud y sin paz no hay armonía.
¿Quedan todavía prejuicios con el flamenco?
El flamenco ha estado desprotegido en España. Es que es para llorar, cuando Carmen Amaya entraba a bailar en la Casa Blanca. Y salías de España y dos meses antes estaban las entradas vendidas. Eso sí que era hacer marca España. Gracias a Dios, yo he tenido momentos grandes.
¿Qué situaciones han sido las más amargas de su vida?
La muerte de mi madre y la muerte de mi marido. Eso fue muy tremendo. Mi marido se murió en mis brazos y eso te deja muy marcado. Sólo el dolor te hace despertar y esto me ha hecho reflexionar mucho.
¿Le preocupa el estado del planeta?
Sólo puedo decir que el flamenco aporta vida. El cambio climático viene por las grandes industrias. La tierra siempre se movió y por eso desaparecieron los dinosaurios. Pero nuestra vida poco tiene que ver con la de los hombres de la Prehistoria. Yo tuve el privilegio de ver las cuevas de Altamira y salí de allí llorando de la emoción.
¿Le gusta la naturaleza?
A mí me encanta. La naturaleza te contesta si sabes mirarla, si sabes sentirla y apreciarla. La naturaleza es el único sitio donde puedes encontrar la verdad. Por eso soy taoísta hasta la ultima célula de mi ser. Lao Tse decía que un río jamás trata de superar a la montaña, la rodea. Y la rodea para seguir su propio camino.