«El biometano es una de las soluciones más maduras y con mayor capacidad para contribuir de forma inmediata a la descarbonización» | Vanessa Abad, presidenta del Clúster Bioenergia Catalunya



La transición energética en España esconde un motor desaprovechado: el biometano. Vanessa Abad, presidenta del Clúster Bioenergia Catalunya, analiza para Gas Actual el papel estratégico que este gas renovable, un vector energético circular, gestionable y de proximidad, está llamado a desempeñar en la descarbonización de nuestra economía.

Cuper Doval

Impulsar la colaboración entre empresas, administraciones, centros tecnológicos, universidades y entidades de toda la cadena de valor para consolidar un sector más innovador, competitivo y conectado con el territorio: esta es la vocación del Clúster Bioenergia Catalunya, presidido desde marzo de 2025 por Vanessa Abad, quien ejerce asimismo la dirección del Área de Tratamiento del Consorci per a la Gestió dels Residus del Vallès Oriental, que impulsa proyectos vinculados a la valorización de residuos, la economía circular y la producción de gases renovables.

Llega a la presidencia del Clúster Bioenergia Catalunya en un momento de creciente interés por los gases renovables. ¿Qué papel aspira a desempeñar Clúster en los próximos años y cuáles son las prioridades inmediatas?

He asumido esta responsabilidad con mucha ilusión y también con un profundo sentido de la responsabilidad. La bioenergía atraviesa, efectivamente, un momento decisivo, y el Clúster debe reforzar su papel como motor que impulse el crecimiento y la consolidación del sector. Nuestras prioridades pasan por fortalecer la colaboración entre empresas, administraciones, centros tecnológicos y universidades; impulsar proyectos innovadores; contribuir a generar un marco regulatorio estable y, sobre todo, acercar la bioenergía a la sociedad.

Queremos que el Clúster sea un punto de encuentro para todo el ecosistema, un espacio donde compartir conocimientos, oportunidades y soluciones que permitan avanzar de forma efectiva hacia un modelo energético más sostenible, competitivo y circular.

Desde el punto de vista energético, ¿qué lugar debería ocupar la bioenergía en el mix de Cataluña y de España? ¿Cree que se trata de una fuente renovable que obtiene menor reconocimiento que otras tecnologías?

La bioenergía debe ocupar un papel estratégico porque aporta algo que otras renovables no siempre pueden ofrecer: energía gestionable, almacenable y producida a partir de recursos locales. No compite con otras tecnologías renovables, sino que las complementa y contribuye a reforzar la seguridad energética.

Es cierto que durante años ha tenido menos visibilidad que la energía solar o la eólica, pero cada vez existe una mayor conciencia de su valor, especialmente por su capacidad para transformar residuos en recursos, reducir emisiones y generar actividad económica en el territorio.

El biogás y el biometano emergen como aliados estratégicos de un modelo de economía circular que permite la gestión sostenible de residuos y avanzar en la senda de la descarbonización. ¿Cuál es su valor diferencial frente a otras soluciones renovables?

Su principal valor diferencial es precisamente esa visión integral. No solo producen energía renovable, sino que resuelven un reto ambiental relacionado con la gestión de residuos orgánicos y generan productos de valor como fertilizantes orgánicos o CO₂ biogénico.

Además, el biometano puede utilizar las infraestructuras gasistas existentes y sustituir directamente al gas natural en aquellos usos donde la electrificación resulta más compleja. Esto permite avanzar en la descarbonización sin necesidad de grandes cambios tecnológicos para muchos consumidores.

En España existe un importante potencial de producción de biometano, pero el despliegue sigue siendo más lento que en otros países europeos. ¿Qué factores, en su opinión, lastran su despliegue?

España dispone de uno de los mayores potenciales de Europa, pero todavía debemos acelerar el desarrollo del sector. Existen varios factores que influyen: procesos administrativos largos y complejos, necesidad de mayor estabilidad regulatoria, dificultades para estructurar la financiación de algunos proyectos y, en determinados casos, falta de información que genera incertidumbre social.

Más que identificar un único freno, debemos trabajar en un enfoque integral que permita generar un entorno de confianza, agilizar el desarrollo de los proyectos y aprovechar todo el potencial que tiene el biometano en nuestro país.

¿Cuáles son los factores en los que descansa la ventaja competitiva de España para la generación de biometano?

España cuenta con recursos agrícolas, ganaderos e industriales muy importantes que permiten disponer de una materia prima abundante para producir biogás y biometano.

A ello se suma una red gasista moderna y extensa, preparada para integrar gases renovables, lo que representa una ventaja competitiva respecto a otros países. Aprovechar esas infraestructuras existentes reduce costes, acelera la implantación y facilita una transición energética más eficiente.

Uno de los retos que afrontan los nuevos proyectos es hacerse merecedores de la confianza ciudadana. ¿Cómo se puede mejorar la percepción ciudadana sobre los beneficios de estas instalaciones?

La mejor herramienta es la transparencia. Es fundamental explicar qué hacen realmente estas plantas, cómo funcionan, qué controles ambientales tienen y qué beneficios aportan al territorio.

Las instalaciones actuales poco tienen que ver con la imagen que muchas personas todavía conservan. Son infraestructuras industriales altamente tecnificadas que reducen emisiones, mejoran la gestión de residuos, generan energía renovable y crean empleo local. Cuando la ciudadanía conoce los proyectos de primera mano, la percepción suele cambiar de forma muy positiva.

El proyecto BioVO es un ejemplo de colaboración entre entidades públicas para valorizar biogás y producir biometano. ¿Qué aprendizajes puede aportar este modelo a otros territorios?

BioVO demuestra que la colaboración entre entidades públicas puede ser un motor para impulsar iniciativas innovadoras que aceleren el desarrollo de la bioenergía. Cuando las administraciones trabajan de forma coordinada, es posible generar proyectos que no solo tienen un impacto ambiental positivo, sino que también sirven como referencia para el conjunto del sector y facilitan la incorporación de nuevos actores.

Uno de los principales aprendizajes es que la valorización del biogás no debe entenderse únicamente como una solución energética, sino como una oportunidad para mejorar la gestión de los residuos, fomentar la economía circular y generar valor en el territorio. Además, este tipo de iniciativas permiten demostrar que existen soluciones técnicamente viables y replicables, adaptables a las particularidades de cada territorio.

En definitiva, BioVO pone de manifiesto que, cuando existe una visión compartida y una colaboración efectiva entre los diferentes actores, se hace posible acelerar la implantación de nuevos proyectos que contribuyen, por una parte, a la descarbonización y, por otra, al desarrollo económico y social.

Además del biometano, el sector empieza a hablar cada vez más de otros vectores, como el hidrógeno renovable obtenido a partir de biogás o biometano. ¿Qué potencial aprecia en esta línea tecnológica?

En estos momentos, el biometano es una de las soluciones más maduras y con mayor capacidad para contribuir de forma inmediata a la descarbonización. Permite aprovechar recursos locales, valorizar residuos orgánicos e integrarse en las infraestructuras gasistas existentes, lo que facilita su despliegue y su incorporación al sistema energético.

Al mismo tiempo, el hidrógeno renovable representa una oportunidad con un gran potencial para aquellos ámbitos donde su aplicación pueda aportar un valor diferencial, especialmente en determinados procesos industriales y sectores de difícil electrificación. Aunque su desarrollo todavía debe seguir avanzando, forma parte de las tecnologías llamadas a desempeñar un papel relevante en el futuro.

La transición energética requerirá un enfoque complementario, en el que diferentes soluciones renovables convivan y respondan a las necesidades específicas de cada sector. Más que hablar de tecnologías que compiten entre sí, debemos hablar de tecnologías que se complementan para acelerar la descarbonización.

¿Cuál cree que es el papel que están llamados a desempeñar los gases renovables en el sistema energético nacional?

La electrificación será fundamental, pero no resolverá por sí sola todos los retos de la transición energética. Sectores como determinadas industrias, el transporte pesado o algunos procesos térmicos necesitan alternativas viables que mantengan la competitividad y reduzcan emisiones. Ahí el biometano puede desempeñar un papel esencial porque permite descarbonizar aprovechando infraestructuras y tecnologías ya existentes.

La producción de biometano genera también otros coproductos de valor. ¿Se está aprovechando la capacidad de las plantas de biometano como hubs circulares?

Todavía tenemos margen de mejora. El verdadero potencial de estas plantas está en maximizar el aprovechamiento de todos los recursos que generan.

El digestato puede convertirse en fertilizante orgánico, el CO₂ biogénico tiene aplicaciones industriales y alimentarias, y la integración de diferentes procesos incrementa la eficiencia económica y ambiental. Debemos evolucionar hacia instalaciones concebidas como auténticos centros de valorización de recursos.

¿Cómo valora el papel de la colaboración público-privada en el desarrollo de la bioenergía? ¿Qué espera el sector de las administraciones y qué debe aportar la industria?

La colaboración público-privada es imprescindible. Las administraciones deben proporcionar estabilidad regulatoria, agilizar los procedimientos administrativos y facilitar un marco que incentive la inversión.

Por su parte, la industria debe seguir apostando por la innovación, la excelencia técnica, la transparencia y el diálogo con el territorio. Solo trabajando conjuntamente conseguiremos desplegar todo el potencial de la bioenergía.

Para terminar, ¿cómo valora la presencia de la mujer en el sector energético y qué mensaje trasladaría a las nuevas generaciones que aspiran trabajar en los ámbitos de la energía, la sostenibilidad o la economía circular?

Es cierto que cada vez hay más mujeres asumiendo responsabilidades en el sector energético, pero aún queda recorrido para alcanzar una representación más equilibrada. Como sector, tenemos la responsabilidad de seguir visibilizando referentes femeninos y de generar oportunidades para que más mujeres puedan desarrollar su carrera profesional en ámbitos técnicos, científicos y de gestión. Estoy convencida de que una mayor diversidad fortalece a las organizaciones, impulsa la innovación y nos ayuda a afrontar mejor los retos de la transición energética.

A las nuevas generaciones les diría que estamos ante uno de los sectores con mayor capacidad para transformar positivamente la sociedad. La transición energética necesita talento, innovación y compromiso. Es un ámbito lleno de oportunidades para quienes quieran contribuir a construir un futuro más sostenible y competitivo.