El sector energético afronta el último trimestre del año con la reciente aprobación del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030. Desde Sedigas valoramos de manera positiva el reconocimiento al papel fundamental que juegan los gases renovables en la descarbonización de la economía y en la mejora de la resiliencia del sistema energético nacional. Sin embargo, era esencial que la versión final del plan estableciera objetivos más alineados con la capacidad real de producción del país y con la ambición europea.
Este documento representa un hito en la estrategia energética de España, y debe ser concebido no solo como un marco de referencia para las orientaciones energéticas del país, sino como un catalizador para la transformación que potencie la competitividad industrial y la seguridad energética del país. En este contexto, observamos falta de ambición respecto al potencial de tecnologías esenciales como el biometano. A pesar de las modificaciones introducidas en la versión aprobada, remitida ya por el Gobierno de España a Bruselas, consideramos que persiste la tendencia de favorecer una electrificación renovable masiva a expensas de otras tecnologías maduras y probadas, e igualmente renovables.
En lo que respecta al biometano, volvemos a señalar la misma carencia que presentaba el borrador, ya que los objetivos establecidos entonces – y que ahora se mantienen idénticos – son de una ambición limitada. La meta de 20 TWh/a de biogás —sin un objetivo específico para biometano — no refleja ni el verdadero potencial de producción identificado por el sector, ni el apetito inversor existente.
A nivel europeo, el plan REPowerEU subraya la relevancia de estos gases en la transición energética, fijando un objetivo de 35.000 millones de metros cúbicos de biometano para 2030. En este sentido, la Comisión Europea ha indicado en un informe de análisis económico que España tiene el potencial para producir hasta 4.100 millones de metros cúbicos al año en 2030, lo que permitiría sustituir hasta 47 TWh/a de nuestro consumo actual de gas natural. Asimismo, la Ley de la Industria de Cero Emisiones Netas de la Unión Europea también reconoce al biogás y al biometano como tecnologías esenciales para alcanzar la neutralidad de carbono en Europa y su capacidad para mejorar la seguridad energética en el continente.
Recordemos que el ‘Estudio de la capacidad de producción de biometano en España’, elaborado por Sedigas, estima un potencial de generación de 163 TWh/a, equivalente a aproximadamente el 50% de la demanda anual de gas natural. Esto evidencia una diferencia significativa con los objetivos establecidos en el PNIEC. España se encuentra en una posición privilegiada para liderar la transición energética en Europa, sin embargo, es crucial que los planes nacionales se alineen con las metas europeas para evitar el riesgo de quedar rezagada en la carrera hacia la neutralidad climática en 2050.
En este sentido, es alentador observar que, a pesar de que el número de instalaciones operativas sigue aún muy rezagado respecto de Europa, el interés inversor está en aumento, y la proyección de instalación de plantas está ayudando a que se posicione como un futuro vector energético clave. En la actualidad, el sector estima que hay cerca de 700 instalaciones en diferente estado de desarrollo, con una producción asociada de entre 29-35 TWh/a, basada en las expresiones de interés para su conexión a las redes de transporte y distribución de gas existentes.
De otra parte, desde Sedigas valoramos y celebramos el aumento del objetivo de capacidad instalada de electrolizadores para el hidrógeno renovable, que ha pasado de 4 GW a 12 GW en la versión definitiva del PNIEC. Este es un paso positivo que consolidará a España como líder en la producción de esta energía limpia. Sin embargo, aún enfrentamos desafíos significativos para alcanzar estos objetivos, lo que exigirá inversiones sustanciales no solo en tecnología, sino también en la adaptación de la infraestructura energética existente. La integración efectiva del hidrógeno en el sistema energético dependerá también de las adaptaciones necesarias en las redes de gas en operación.
No podemos dejar de considerar el papel de los ciclos combinados, que se consolidan como una tecnología esencial para la seguridad energética, gracias a su flexibilidad y eficiencia operativa en la generación eléctrica. El PNIEC reconoce la necesidad de mantener la potencia instalada de los ciclos combinados en 26 GW para 2030, lo que subraya que esta tecnología es fundamental para garantizar un suministro energético estable mientras se avanza en la integración de fuentes renovables. Desde Sedigas, defendemos la creación de mercados de capacidad que permitan a los ciclos combinados desempeñar su función de manera eficaz.
Con las incógnitas resultas tras la aprobación definitiva del documento, es esencial abogar por una colaboración efectiva y un marco regulatorio ambicioso, pues serán determinantes para avanzar en la descarbonización, fortalecer nuestra seguridad energética, generar empleo y promover una transición justa y equilibrada. Mientras tanto, vamos a seguir trabajando para que se reconozca el enorme potencial de producción de los gases renovables, en particular, por metas más ambiciosas para el biometano y se defina un marco regulatorio estable que garantice la operación de los ciclos combinados y refuerce así la seguridad de suministro energético.