La resiliencia de los sistemas energéticos en situaciones de crisis: enseñanzas de la experiencia de Ucrania

La seguridad energética ya no puede entenderse solo en términos de planificación a largo plazo. Un nuevo informe de la Agencia Internacional de la Energía analiza cómo Ucrania ha reforzado la resiliencia de su sistema energético desde la invasión rusa de 2022 y extrae lecciones clave para afrontar crisis de alto impacto —desde ciberataques hasta fenómenos meteorológicos extremos— que pueden servir de referencia a responsables políticos y reguladores de todo el mundo.

Bajo el título Energy System Resilience: Lessons learned from Ukraine, el estudio redefine el alcance de la seguridad de suministro. No basta con asegurar inversiones suficientes y diversificar fuentes en el largo plazo; es imprescindible garantizar que el sistema pueda prepararse para perturbaciones extraordinarias, resistir impactos severos manteniendo servicios esenciales y recuperar la normalidad con rapidez. Esa capacidad es la que Ucrania ha tenido que desarrollar en condiciones extremas desde 2022.

Desde el inicio de la invasión a gran escala, el sistema energético ucraniano ha sufrido ataques sistemáticos contra infraestructuras eléctricas y gasistas. Subestaciones estratégicas, centrales de generación, redes de transporte y distribución, instalaciones de almacenamiento de gas y otras infraestructuras críticas han sido objetivos recurrentes. En el invierno 2025-2026, la demanda eléctrica alcanzó los 18 GW frente a una capacidad disponible de apenas 11 GW, generando un déficit estructural que obligó a aplicar cortes rotatorios prolongados. Los hogares acumularon miles de horas sin suministro a lo largo del año, mientras las autoridades priorizaban hospitales, sistemas de agua, calefacción urbana y otros servicios esenciales.

La magnitud de los daños —con pérdida significativa de capacidad de generación centralizada— puso en evidencia la vulnerabilidad de arquitecturas altamente concentradas. Sin embargo, el informe destaca que, pese a esta presión constante, el país ha logrado evitar el colapso sistémico gracias a una profunda transformación orientada a la resiliencia.

Una de las principales conclusiones del informe es que la resiliencia debe incorporarse desde la planificación. Los sistemas concebidos únicamente bajo criterios de eficiencia o coste mínimo pueden resultar frágiles ante eventos de baja probabilidad pero alto impacto. La AIE subraya que integrar la resiliencia en la fase de diseño reduce costes en comparación con la adaptación posterior. Evaluaciones integrales de riesgos —que incluyan amenazas físicas, cibernéticas y climáticas— deben formar parte de los marcos regulatorios y de planificación.

Infraestructuras gasistas y reservas estratégicas
El informe concede un papel central a las infraestructuras de gas natural en la arquitectura de resiliencia. Ucrania ha sufrido constantes ataques contra instalaciones gasistas, incluidas redes y almacenamientos. Aun así, la disponibilidad de almacenamiento subterráneo y la gestión flexible de los flujos han contribuido a sostener el abastecimiento interno y a garantizar la calefacción y otros usos esenciales.

Las reservas estratégicas de combustibles, incluido el gas, funcionan como un amortiguador frente a interrupciones súbitas. El estudio señala que la ausencia inicial de un marco legislativo robusto sobre niveles mínimos obligatorios y protocolos claros de liberación agravó las tensiones en los primeros compases de la invasión. Posteriormente, Ucrania ha reforzado su legislación para establecer obligaciones de mantenimiento de reservas y clarificar responsabilidades institucionales.

El almacenamiento subterráneo adquiere especial relevancia por su capacidad de acumulación estacional y su proximidad a centros de consumo. Una adecuada distribución geográfica y la existencia de planes de contingencia reducen el riesgo de desabastecimientos severos ante ataques o fallos logísticos.

Asimismo, el gas natural ha desempeñado un papel clave como respaldo del sistema eléctrico. El despliegue de turbinas de gas móviles y generadores alimentados por combustible ha permitido mantener operativas infraestructuras críticas cuando la generación convencional resultaba insuficiente. La complementariedad entre redes gasistas y eléctricas refuerza la resiliencia global del sistema.

Lecciones para Europa
La AIE concluye con un mensaje inequívoco: la seguridad energética ya no puede medirse únicamente en términos de diversificación de aprovisionamientos o capacidad instalada. También ha de evaluarse en función de la robustez física de las infraestructuras, la existencia de almacenamientos estratégicos bien distribuidos, la flexibilidad operativa ante interrupciones y la coordinación público-privada para restaurar el servicio con rapidez.

Para Europa, y en particular para el sector gasista, la experiencia ucraniana ofrece una hoja de ruta clara. Las infraestructuras de gas natural —por su capacidad de almacenamiento, su papel en la generación eléctrica y térmica y su función como respaldo del sistema— son un componente esencial de la resiliencia energética. Mantener reservas adecuadas, diversificar rutas, reforzar la protección de activos críticos y garantizar marcos regulatorios que integren la resiliencia en la planificación resulta imprescindible.

Invertir en resiliencia no es un coste accesorio, sino una póliza de seguro frente a riesgos de baja probabilidad y alto impacto. Una vez más, la Agencia Internacional de la Energía recuerda que en un entorno marcado por tensiones geopolíticas, amenazas híbridas y fenómenos meteorológicos cada vez más intensos, fortalecer las infraestructuras energéticas —incluidas las gasistas— se consolida como una condición necesaria para garantizar la continuidad del suministro y la estabilidad económica y social.