Los gases renovables —principalmente biometano e hidrógeno renovable— se han consolidado en 2025 como un elemento clave para la descarbonización del sistema energético y para avanzar hacia un modelo neutro en emisiones en 2050. Su papel resulta especialmente relevante en sectores de difícil electrificación, como la industria calor-intensiva, que requiere un alto poder calorífico en sus procesos productivos, o el transporte pesado.
La relevancia de estos vectores energéticos como catalizadores de un modelo energético más sostenible se ha visto reforzada en el ámbito europeo con iniciativas como REPowerEU, orientadas a acelerar la independencia energética y reducir la dependencia del gas ruso. Este plan eleva hasta los 35.000 millones de metros cúbicos anuales el objetivo de producción de biometano en 2030, e incorpora metas ambiciosas para el hidrógeno renovable, con 10 millones de toneladas de producción nacional y otros 10 millones de toneladas de importaciones.
En España, la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, aprobada en 2021, ha impulsado el desarrollo de estas energías mediante un marco que favorece su despliegue. El país cuenta además con una posición estratégica, gracias a su ubicación geográfica y a su consolidada red de infraestructuras y conexiones internacionales, que le permite aspirar a convertirse en referente en la producción y exportación de energías renovables no eléctricas.
El biogás, generado a partir de residuos, constituye una fuente de energía renovable, local y almacenable, con impacto positivo en el empleo y en la economía rural. Tras un proceso de depuración y separación del CO₂, se transforma en biometano, un gas de calidad equivalente al gas natural, plenamente compatible con la infraestructura existente y utilizable tanto en la industria como en hogares.
Por su parte, el hidrógeno renovable, producido a partir de electricidad de origen renovable, se perfila como un vector energético de futuro, clave para el almacenamiento de energía y con aplicaciones en todos los sectores energéticos: industria, movilidad, ámbito doméstico-comercial y generación eléctrica.