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El 28 de abril quedará marcado para siempre en la historia energética de nuestro país. La interrupción masiva del suministro de electricidad que mantuvo en vilo a España y Portugal nos ha dejado pocas certezas hasta el momento, pero sí al menos una muy evidente: necesitamos contar con un sistema eléctrico resiliente, flexible y robusto.
No es una mera cuestión teórica, sino una condición imprescindible para garantizar el funcionamiento de nuestro tejido productivo y la calidad de vida y seguridad de los ciudadanos de nuestro país.
La buena noticia dadas las circunstancias es que, afortunadamente, disponemos de herramientas para afrontar los grandes desafíos del actual contexto energético: alcanzar la autonomía estratégica, acelerar los objetivos climáticos y avanzar de forma decidida hacia la descarbonización.
En aquel momento crítico, los ciclos combinados dieron respuesta a todas esas cuestiones y demostraron su papel crucial para restaurar la estabilidad del sistema eléctrico gracias a su capacidad de respuesta inmediata, su fiabilidad y su flexibilidad.
Quedó demostrado que constituyen una solución con presente, pero también con futuro para acompañar la creciente integración de energías renovables variables e intermitentes como la solar y la eólica.
La esencialidad demostrada por estos activos reabre el debate sobre la necesidad de garantizar señales regulatorias adecuadas que aseguren su viabilidad económica y su disponibilidad operativa.
A falta de alternativas firmes y flexibles que actúen como respaldo, resulta evidente que la estabilidad del sistema eléctrico se ha visto comprometida. Esta situación resulta aún más crítica si se considera el proceso de descarbonización de la economía, el despliegue de nuevas infraestructuras de alto consumo energético —como los centros de datos— y el cierre progresivo de centrales nucleares previsto a partir de 2027. Además, si bien el desarrollo de sistemas de almacenamiento energético es prometedor, aún se encuentra en fases iniciales y no constituye, por el momento, una solución escalable que garantice la cobertura del suministro en el corto y medio plazo.
Estos eventos nos recuerdan que el papel de las tecnologías que aportan firmeza y flexibilidad al sistema está llamado a ser más relevante que nunca. Los ciclos combinados ocupan una posición estratégica no solo por su capacidad de respuesta rápida ante picos de demanda, sino también por su potencial para operar progresivamente con gases renovables como el biometano o el hidrógeno renovable, llamados a ocupar un lugar central en el nuevo mix energético en línea con los objetivos climáticos a largo plazo.
Por todo ello, desde Sedigas reiteramos la importancia estratégica de estos vectores e insistimos en la necesidad de contar con un marco regulatorio que reconozca su papel clave, aportando estabilidad, claridad e incentivos adecuados para atraer inversión y fomentar la innovación.
La transición energética no se construye con una única solución. Necesita una combinación de tecnologías. Los gases renovables, por su flexibilidad, escalabilidad y capacidad de integración con las infraestructuras existentes, es una de las más eficientes para dar respuesta a las necesidades de descarbonización de amplios sectores del tejido productivo difíciles de descarbonizar como la industria gas-intensiva, el transporte pesado por carretera o el marítimo.
Se trata, en definitiva, de construir un modelo energético flexible, resiliente y basado en el principio de neutralidad tecnológica, que aproveche de forma eficiente todos los recursos disponibles. Y España tiene todo para liderar este proceso: recursos, tecnología, infraestructuras y conocimiento. Nos falta la determinación política, ambición regulatoria y visión estratégica para liberar todo ese potencial. |