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Se cumple un año del apagón que dejó a oscuras a más de 50 millones de personas en la Península Ibérica, además de perturbar o interrumpir la producción industrial, la logística y los servicios, causando pérdidas millonarias a la economía nacional. Una concatenación de factores provocó lo que ha sido, según el informe elaborado por ENTSO-e, el incidente más grave registrado por el sistema eléctrico europeo en los últimos veinte años.
Los doce meses transcurridos no han conseguido borrar la memoria colectiva de aquellas horas de incertidumbre, pero sí nos ofrecen la perspectiva suficiente para analizar lo que el episodio reveló sobre las deficiencias en el funcionamiento del sistema y las medidas imperativas que hemos de adoptar para evitar que tal disrupción se repita.
Lo ocurrido a partir del mediodía del 28 de abril de 2025 evidenció vulnerabilidades estructurales en la operación del sistema eléctrico; fue la constatación de un desequilibrio de fondo entre la velocidad a la que se había incorporado la potencia renovable -imprescindible para alcanzar los objetivos de descarbonización que nos hemos dado y reforzar nuestra autonomía estratégica- y la adecuada incorporación de mecanismos de respaldo, firmeza y estabilidad.
El cero eléctrico demostró la imposibilidad de medir el éxito de la transición energética únicamente a partir de la capacidad renovable instalada: la evaluación solo puede realizarse teniendo en cuenta la solidez del conjunto del sistema. Garantizar su estabilidad exige activos de generación gestionable caracterizados por su firmeza y flexibilidad, como los ciclos combinados de gas.
España dispone de 26 GW de potencia instalada de ciclos combinados. Son capaces de respaldar el control de tensión, compensar la variabilidad e intermitencia de las renovables eléctricas y atender de forma ágil las cada vez más frecuentes puntas de demanda o de baja aportación renovable. De manera discreta pero decisiva, sostienen día a día la seguridad de suministro. Ellos -y todas las infraestructuras gasistas en los que su funcionamiento se apoya- también resultan cruciales para dar respuesta a eventuales contingencias o disrupciones imprevistas.
El 28 de abril, cuando el sistema se desplomó, estuvieron ahí. Su contribución fue decisiva para la reposición del suministro. Su capacidad de respuesta, su gestionabilidad y su aportación de inercia evidencian que son una pieza insustituible en el equilibrio operativo del sistema. Durante las horas inmediatamente posteriores al apagón, los ciclos llegaron a aportar casi el 50% de la generación eléctrica. El protocolo aplicado por el operador del Sistema tras ese gran apagón ha puesto de manifiesto la contribución esencial de la tecnología de los ciclos combinados para blindar la estabilidad y resiliencia del sistema.
Este evento inédito ha marcado un punto de inflexión que exige mucho más que medidas puntuales: requiere una respuesta integral de carácter operativo y regulatorio. En primer lugar, resulta urgente la implantación de un mercado de capacidad que reconozca la importancia estratégica de los ciclos combinados mediante una retribución a su disponibilidad permanente. Es igualmente imprescindible reformar los mecanismos de ajuste del sistema para reconocer el valor de servicios como la inercia, la regulación de frecuencia y el control de tensión, avanzando hacia una mayor corresponsabilidad de todas las tecnologías en la estabilidad del sistema. A ello debe sumarse la definición de una metodología de liquidación para situaciones extraordinarias, dado que el cero eléctrico evidenció la ausencia de un marco claro para retribuir la energía generada durante la suspensión de mercados. Por último, garantizar la viabilidad económico-financiera de las infraestructuras gasistas resulta condición imprescindible para su adecuado mantenimiento y para acometer las inversiones que exigen su modernización y adaptación a los retos de la digitalización y la ciberseguridad.
Como venimos defendiendo desde Sedigas, la definición del marco retributivo para el periodo 2027-2032 constituye también una decisión de alcance estratégico. Las propuestas de circulares de la CNMC ofrecen, junto a señales económicas orientadas a la modernización del sistema, un inequívoco reconocimiento de la vital contribución de las infraestructuras gasistas a la seguridad de suministro, la competitividad industrial y el avance hacia la descarbonización. No obstante, se hacen necesarios ajustes, tal y como queda recogido en las alegaciones que el sector ha trasladado al Regulador, para garantizar un marco retributivo suficiente y razonable al conjunto de las actividades reguladas y sostener las nuevas exigencias que el sistema tendrá que afrontar en los próximos años.
Un año después del apagón, el diagnóstico es claro y las soluciones, conocidas. El apagón trajo consigo una admonición sobre las vulnerabilidades del sistema. Lo que sigue pendiente es la voluntad de actuar con la urgencia que la situación exige. La resiliencia del sistema eléctrico no se construye con declaraciones de intención ni con medidas parciales: requiere decisiones regulatorias valientes, marcos retributivos estables y el reconocimiento explícito del papel estratégico de todas las tecnologías que sostienen la seguridad de suministro. España no puede permitirse un segundo apagón para aprender las lecciones que nos dio el 28 de abril de 2025. |