El gas, una energía clave

Las diferentes circunstancias y acontecimientos acaecidos durante el año 2016 han servido para que el gas sea considerado cada vez más como una energía básica en el mix energético español. En diferentes momentos de 2016, al igual que ha ocurrido en los inicios del año 2017, el gas se ha convertido en una energía clave para garantizar el suministro de electricidad gracias al uso de las centrales de ciclo combinado.

Asimismo, el camino hacia un modelo energético bajo en carbono, liderado por Europa, reservan al gas un papel fundamental en los próximos años, al tratarse del combustible fósil menos contaminante.

Mucho se ha hablado también durante el pasado ejercicio de la imperiosa necesidad de garantizar la calidad del aire de las ciudades españolas. Incluso en Madrid y Barcelona se han vivido graves episodios de contaminación que han obligado a poner en marcha diferentes protocolos para aminorar los efectos nocivos que esta situación comporta para la salud de los ciudadanos. También aquí el gas se perfila como una alternativa sostenible en este caso gracias a su utilización en el transporte rodado.

En este contexto, donde el gas se posiciona como una energía clave para el futuro, hay que inscribir el Informe publicado por KPMG y Sedigas en el que se analiza el papel del gas en una economía baja en carbono. El estudio aporta datos contundentes tanto en términos económicos como de eficiencia y sostenibilidad. Así, una participación del gas del 33% en el mix de energético supondría un ahorro anual de más de 220 millones de euros en el sector residencial y terciario, mejoraría la eficiencia energética en un 22% y contribuiría a reducir las emisiones GEI en un 4%.

Red de distribución de gas natural
REDEXIS GAS
En términos de mercado, el comportamiento del sector gasista en España durante el año 2016 dio un año más muestras de dinamismo y de solidez. La demanda nacional de gas natural creció en 2016 un 2,1% con respecto a 2015, hasta alcanzar los 321 Twh. Se trata del segundo año consecutivo de crecimiento de la demanda desde el año 2008.

Este crecimiento estuvo motivado fundamentalmente por la demanda industrial —principal consumidor de gas natural—, que subió un 3,2%, en línea con la evolución de la economía, y al crecimiento de la demanda doméstico-comercial, que aumentó un 3,5%.

A nivel climatológico, el año 2016 se caracterizó por unas temperaturas más cálidas de enero a marzo y más frías de noviembre a diciembre respecto a la media.

Como consecuencia de ello, el año pasado la demanda de gas sufrió diversas fluctuaciones. Durante el primer semestre del año se mantuvo estable con un ligero descenso del 1,3% en comparación con el año anterior. Tras unos primeros meses de año marcados por unas temperaturas inusualmente altas, que supusieron un descenso de la demanda convencional (doméstico-comercial e industrial) del 2,5%, ésta remontó durante el segundo trimestre y creció un 6,8% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Los principales motivos de este incremento fueron unas temperaturas más bajas en abril y mayo, meses que, a pesar de no ser propiamente invernales, implicaron un mayor encendido de las calefacciones.
También se produjeron unas temperaturas más bajas durante el último trimestre del año lo que comportó también un mayor uso de los sistemas de calefacción durante este periodo.

Por su parte, la demanda de gas natural para la generación eléctrica, mediante las centrales de ciclo combinado, registró una caída del 2,6% con respecto al año 2015. Pero hay que remarcar la destacable recuperación experimentada durante el último trimestre del año. La demanda en este segmento batió récords en octubre y noviembre. Concretamente, en noviembre 2016 se produjo un récord de consumo de gas para generación eléctrica desde agosto de 2012. El mes de noviembre se cerró con un crecimiento de en torno al 45% respecto al mismo mes de 2015.

Entre los factores que motivaron esta recuperación destacan unas menores aportaciones de las energías eólica e hidráulica a la generación eléctrica y el incremento de las exportaciones de electricidad a Francia, debido principalmente a la parada de centrales nucleares en este país.

Esta circunstancia no hace que poner aún más de manifiesto la importancia del gas natural como back up en el mix de generación eléctrica, circunstancia que se ha visto confirmada aún más en las primeras semanas del año 2017 por el efecto de la ola de frío.

En el ámbito de la industria, hay que destacar que se ha registrado un incremento del 3,2% de la demanda con respecto a 2015, en línea con la positiva evolución general de la economía. En 2016 cabe destacar el crecimiento de la demanda del sector de la construcción, en torno al 11%, motivado por el auge del consumo de gas en la fabricación de productos cerámicos. También han aumentado su demanda los sectores de la electricidad (9%), servicios (6%) y metalurgia (5%).

No hay que olvidar que el sector industrial sigue siendo el principal consumidor de gas natural, con un 63,1% del total, seguido del sector doméstico-comercial, con un 16.6% y de las centrales eléctricas, con otro 18,6%.

El gas natural es un combustible eficiente en procesos industriales y de cogeneración. Por su implantación, disponibilidad, eficiencia e idoneidad de las instalaciones garantiza la competitividad del sector industrial. De forma adicional, su flexibilidad y su alto poder calorífico reducen la cantidad de combustible necesario para generar energía. La necesidad de mantener la competitividad de la industria nacional requiere que la demanda de gas natural en la industria se mantenga, sustituyendo progresivamente a otros combustibles más contaminantes o menos eficientes.

En resumen, las principales causas del crecimiento de la demanda producida durante el año 2016 han sido motivadas, por un lado, por el incremento de la demanda convencional (doméstico-comercial e industrial) junto con la recuperación producida en el último año gracias a los ciclos combinados.

Otro de los hitos importantes del año 2016 en lo que respecta al sector gasista ha sido la entrada en pleno funcionamiento del Mercado Organizado del Gas (MIBGAS), que inició oficialmente su andadura el 16 de diciembre de 2015. Transcurrido algo más de un año desde su puesta en marcha, el número de agentes participantes no ha parado de crecer y los volúmenes de gas natural transaccionados son cada vez mayores.

El MIBGAS supone un importante paso para el impulso del mercado ibérico del gas natural y abre el camino para que el funcionamiento del mercado englobe a los sistemas gasistas de España y Portugal.

Por otro lado, el mercado organizado disminuye las barreras de entrada al proporcionar transparencia al precio de mercado, tanto para los agentes que participan en el mismo como para los consumidores, mejorar la eficiencia al facilitar los intercambios de gas entre operadores con posiciones contrapuestas (cortos o largos), proporcionar flexibilidad a la cartera de gas de los agentes o facilitar, a los agentes y al gestor del sistema, el mantenimiento del balance del sistema.

Sin duda, la entrada en funcionamiento del mercado organizado del gas es un paso decisivo para robustecer aún más a un sector que en España cuenta con un alto grado de desarrollo en sus infraestructuras, un aspecto básico para garantizar la seguridad del suministro tanto a nivel español como europeo. A ello se unen las ventajas competitivas de España, como su privilegiada situación geoestratégica y a la circunstancia de disponer de infraestructuras perfectamente capacitadas y con una larga experiencia en lo que respecta a la operación y logística de GNL. En la actualidad, España sigue siendo el estado europeo con mayor capacidad de regasificación: de las 22 plantas instaladas en el continente europeo siete se encuentran en territorio español.

Además, España es un país muy diversificado en cuanto al suministro de gas. A lo largo de 2016, nuestro país recibió gas de ocho orígenes distintos a través de una doble vía de entrada: gasoducto y por vía marítima.

Esta capacidad favorece una mayor penetración del gas natural sin comprometer el cumplimiento de los objetivos a 2030 de la Unión Europea que incluyen un recorte de emisiones de dióxido de carbono de al menos un 40% y pretenden alcanzar un 27% en renovables e incrementar la eficiencia energética en un 30%. Las ventajas competitivas de España contribuirán a la consecución de estos fines.

La transición energética hacia un entorno descarbonizado es uno de los grandes objetivos de las políticas europeas. En los desafíos medioambientales, la calidad del aire en las ciudades ocupa un lugar cada vez más destacado debido a su impacto sobre la salud de la población.

El tráfico urbano es una de las principales causas de exposición de los ciudadanos a una mala calidad del aire. Ello se debe a que la emisión se produce con gran proximidad a la población y de forma muy dispersa en la urbe. La contaminación del aire causa la muerte prematura de 450.000 personas al año en Europa, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.
Durante el pasado año, se han registrado en ciudades como Barcelona y Madrid graves episodios de contaminación. En diciembre, en la capital de España, se declaró el Nivel 3 del Protocolo de Contaminación por primera vez y muchos ciudadanos vieron restringida la circulación de su vehículo durante ese día. Por su parte en Barcelona se prohibirá la circulación a un millón de coches contaminantes a partir del 2020, durante episodios de alta polución, dentro de un paquete de 58 medidas para mejorar la calidad del aire y la salud de las personas.

En este contexto el gas puede jugar un papel determinante y puede contribuir a mejorar claramente la calidad del aire de nuestras ciudades. El gas natural aminora de manera muy importante los niveles de partículas, óxido de azufre y óxido de nitrógeno (PM,SO2 y Nox). Los vehículos que utilizan gas natural emiten una menor cantidad estas sustancias, comparados con un vehículo tradicional. Por esta razón son medioambientalmente respetuosos y económicamente sostenibles y pueden circular y aparcar, incluso en el centro de la ciudad, con un protocolo de contaminación activado como el que se declaró en Madrid.

La incorporación de vehículos de gas natural a las flotas de autobuses y taxis de las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, es una garantía de un transporte público ecológico, económico y confortable para reducir las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera y mejorar, así, la calidad del aire de las ciudades.

Pero el uso del gas natural vehicular debe ir más allá del transporte público si queremos mantener una óptima calidad del aire en las ciudades y la salud de los ciudadanos. En este sentido, existe un importante potencial de crecimiento.

Ya existen iniciativas, como el reciente Plan Renove de vehículos de gas natural de la Comunidad de Madrid, que subvencionará con 400 euros el cambio de motores de gasolina a gas natural.

Así pues, tras consolidar su posición en vehículos de flota pesada y uso intensivo (autobuses, camiones y taxis), el sector del gas natural aspira a establecerse como combustible alternativo para el automóvil particular.

Estos objetivos, se vieron refrendados por los datos registrados en 2016 por lo que respecta al parque de vehículos con gas en España. Así, según la Asociación Ibérica de Gas Natural para la Movilidad (Gasnam), en 2016 las ventas de vehículos con motor de gas crecieron un 133 % respecto al año pasado, lo que representa unas 1.100 unidades más, un cifra realmente significativa y más si la comparamos con los años precedentes.

En estos momentos, en España circulan más de 6.100 vehículos con gas, de los cuales el 70 % pertenece a la categoría de flota pesada y uso intensivo, por lo que la expansión del sector en el ámbito del vehículo privado tiene una gran potencial de crecimiento.
Por otra parte, además de su componente medioambiental, hay que remarcar que el gas es también una alternativa más económica, ya que supone un ahorro por kilómetro recorrido del 30 % respecto al diésel y del 50 % respecto a la gasolina.

También tiene el gas una importante presencia en el transporte marítimo ya que en la actualidad se emplea en 70 barcos. En definitiva, el gas es un combustible que funciona en cualquier tipo de movilidad y además constituye una alternativa clara para mejorar la calidad del aire.

Los retos mediambientales están así pues a la orden del día. En noviembre de 2016 tuvo lugar en Marrakech la 22ªConferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático, en la que, por cierto, participó la Asociación Española del Gas (Sedigas) y donde se produjo además la ratificación definitiva de nuestra asociación como miembro de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Durante el COP-22, los países han acelerado la acción por el clima en todo el mundo a través de una amplia gama de áreas que desarrollan los objetivos políticos y prácticos del histórico Acuerdo de París sobre el cambio climático.

Este acuerdo tiene como objetivo mantener el calentamiento por debajo del límite de los 2⁰C, y realizar esfuerzos para avanzar hasta el 1.5⁰C, con respecto a los niveles preindustriales. Para ello, los estados han establecido el objetivo de reducir las emisiones de CO2 para lograr el punto máximo de emisiones mundiales lo antes posible (emisión neta 0 en la segunda mitad de siglo). Con este acuerdo se pretende reorientar el modelo económico mundial hacia uno bajo en carbono.

La evaluación global de las contribuciones de cada Estado y su aplicación, se llevará a cabo en el año 2018 y a partir de 2023 cada cinco años, para ayudar a los Estados en la revisión de su contribución.

Para entrar en vigor, el acuerdo de París debía ser ratificado por 55 Estados que representasen al menos el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El 4 de octubre con la ratificación y el depósito del instrumento de ratificación por parte de la UE, se cruzaba el umbral del 55 % de las emisiones y, por tanto, daba lugar a la entrada en vigor del Acuerdo. La propuesta legislativa, ya presentada por la UE, se comprometía a cumplir el compromiso de reducir las emisiones de la Unión en un 40 %, como mínimo, de aquí a 2030.

El 5 de octubre, el Secretario General de las Naciones Unidas anunciaba que ese día se cumplían las condiciones para la entrada en vigor del Acuerdo de París y que lo haría el 4 de noviembre de 2016. Como consecuencia, se convocaría el primer período de sesiones de la Conferencia de las Partes en calidad de reunión de las Partes en el Acuerdo (CMA1) durante la 22ª reunión de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP22) en Marrakech.

La COP22 continuaría lo empezado en la COP21 en la que se lograron avances importantes. Debía ser la reunión de la acción para llevar a cabo las diferentes prioridades recogidas en el Acuerdo de París, incluidas las relativas a la adaptación, la transparencia, la transferencia de tecnología, la atenuación, la creación de capacidad, las pérdidas y los daños.

La COP22 ha finalizado con la aprobación de dos Decisiones que dan los primeros pasos en la redacción de un conjunto de reglas que regirán el Acuerdo de París y que deberá estar concluido en 2018, dos años antes de que el pacto empiece a funcionar.

El texto aprobado da la bienvenida a la entrada en vigor en menos de un año del Acuerdo de París, y subraya la urgencia de que los países trabajen a nivel nacional para cumplir los objetivos de reducción de emisiones a partir de 2020.

Así, se acordaron ciertos avances en materia de financiación climática, dando continuidad más allá de 2020 al Fondo de Adaptación del Protocolo de Kioto que expiraba ese año y que ahora se incorporará al Acuerdo de París.

El texto también incluye un calendario de trabajo para ir concretando las reglas y los distintos mecanismos y procesos del Acuerdo, entre ellas los citados marcos temporales para presentar las contribuciones de reducción de emisiones en el futuro o los procesos de revisión de los mismos.